Necesidad de orinar

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Abordar un problema de anormalidad en la necesidad de orinar exige diferenciar situaciones fisiológicas o normales de aquellas que encierran una patología, en las que puede haber involucradas causas muy dispares.

Contenido

Definición

Por necesidad de orinar se entiende aquella sensación orgánica derivada de la estimulación de la vejiga urinaria ocasionada por su llenado, que activa el reflejo de la micción. Si esta necesidad de orinar aparece a intervalos breves hablamos de micción frecuente, entendida en su vertiente fisiológica, derivada del consumo elevado de líquidos y de alcohol o bebidas con cafeína, y propia asimismo del estado avanzado de gestación, y su forma patológica que aglutina un universo de factores desencadenantes.

Un grado superior de anomalía lo representa la micción urgente, como irrefrenable necesidad de orinar normalmente acompañada de molestias en la vejiga. Una necesidad de orinar que se torna persistente siempre debe considerarse una señal de alarma ante posibles trastornos de alcance mayor.

Causas

Una causa común de sensación reiterada de repleción es la "vejiga hiperactiva", que es un trastorno caracterizado por súbita necesidad de orinar no menos de ocho veces durante el día y dos o más por la noche, caso este último denominado nicturia. Obedece a contracciones del músculo detrusor de la vejiga anticipadas a su llenado.

La cistitis intersticial, de origen desconocido, se manifiesta por dolor abdominal paralelo al incremento de la frecuencia urinaria. Pero en bastantes ocasiones, la insistente necesidad de orinar refleja infección del tracto urinario, revelando escozor durante la micción, olor amoniacal, dolor regional e hipertermia.

Al margen de la patología urinaria, un sinfín de causas desvinculadas del aparato excretor alteran el ritmo en la necesidad de orinar, como la insuficiencia cardiaca, cuyos edemas generalizados aceleran el metabolismo renal. Diabetes mellitus no sometidas a control estricto, patologías prostáticas, ansiedad, cáncer de vejiga, tratamientos prolongados con diuréticos, tumores en la región pélvica o vulvovaginitis, constituyen otros factores determinantes de micción frecuente.

Diagnóstico y curso de la enfermedad

A la hora de diagnosticar problemas en la necesidad de orinar, es fundamental considerar si van o no acompañados de emisiones reducidas de orina, conociéndose el caso afirmativo como polaquiuria. Son fundamentales las pruebas exploratorias y de laboratorio para determinar la razón exacta de una sobre frecuencia en la necesidad de orinar.

Un análisis de orina proporciona el perfil bioquímico a partir del cual podrán encontrarse indicios causales de ese incremento. Una cistometría permite conocer la presión urinaria que la vejiga puede soportar antes de desencadenar la micción, mientras que la cistoscopia y ecografía facilitan una imagen del estado de los tejidos internos. Realizadas estas maniobras y en ausencia de hallazgos patológicos, debe recurrirse a pruebas neurológicas que investiguen factores de descoordinación nerviosa del reflejo de la micción.

Un trastorno en la necesidad de orinar no tratado puede degenerar en graves complicaciones que, en casos como diabetes o pielonefritis, pueden ser fatales, pudiendo presentarse coma diabético, insuficiencia renal, shock o septicemia.

Tratamiento

Para adoptar un tratamiento que combata los trastornos en la necesidad de orinar, será determinante abordar el problema clínico subyacente (excepto casos fisiológicos o malos hábitos), variando enormemente las estrategias. Las infecciones del tracto urinario requieren administración de antibióticos e ingestión de abundante líquido, mientras el tratamiento en diabéticos implica un férreo control de la glucemia.

El síndrome de vejiga hiperactiva debe ser abordado en frentes simultáneos, que incluirán la reeducación de la vejiga a través de los ejercicios de Kegel sobre los músculos pélvicos, para tonificarlos y reducir la frecuencia en la necesidad de orinar. Es indispensable la terapia farmacológica mediante relajantes de la musculatura lisa, algo que también puede lograrse por punción intravesical de toxina botulínica. El recurso de la cirugía solamente tiene cabida en casos graves, suponiendo una dilatación del órgano utilizando un tramo de intestino delgado.

En lo que a la cistitis intersticial atañe, se contemplan alternativas medicamentosas como pentosano polisulfito, antiinflamatorios como la prednisona, antihistamínicos como la hidroxicina e inmunosupresores como la ciclosporina.

Para la hiperplasia de próstata se manejan los inhibidores de la enzima responsable del agrandamiento, y bloqueadores alfa como relajantes del músculo detrusor. Siempre contando con la opción quirúrgica de última intención, como sucede con el cáncer de vejiga, cuya elección primaria será quimioterapia y radioterapia.

Prevención

La multiplicidad de factores intervinientes en la micción frecuente anula la posibilidad de encontrar métodos generales de prevención. No obstante, educar la vejiga diariamente mediante los ejercicios de Kegel puede resultar un eficaz sistema de prevención de los trastornos en la necesidad de orinar.

La nicturia suele responder habitualmente con una reducción del consumo de líquidos antes de dormir, especialmente bebidas cafeinadas y alcohol. Es aconsejable vigilar periódicamente los niveles sanguíneos de glucosa y sodio, cuya elevación alertará sobre la exigencia de abordar patologías detonantes de micción frecuente.

Los hombres deben someterse a chequeos regulares del estado de la próstata, conducentes a detectar tempranamente hiperplasias o tumoraciones que, entre otras complicaciones, producen incremento de la necesidad de orinar.