Fatiga

Garantía de calidad médica de Dr. med. Nonnenmacher (especialistas en medicina interna).
Usted está aquí: Sanopedia.esSíntomas Fatiga

Cuando el cuerpo o la mente llegan al límite de sus fuerzas, se produce la fatiga. Esta puede ser el resultado de un esfuerzo poco habitual para el que el organismo no está preparado. Pero en muchos casos, la fatiga aparece también en contextos rutinarios como un síntoma asociado a otras patologías.

Contenido

Definición

En términos generales, la fatiga es una falta pasajera de energía a la hora de desempeñar una tarea o función. Se manifiesta como una repentina y desagradable sensación de debilidad, respuesta natural del cuerpo frente a situaciones que lo desbordan.

El cansancio y el agotamiento que se experimentan durante un episodio de fatiga son síntomas asociados también a otro tipo de patologías como la somnolencia o la astenia. Sin embargo, es importante establecer una línea divisoria entre ellas ya que, en sentido estricto, no son lo mismo.

La somnolencia está marcada por la necesidad de dormir y la astenia por una serie de síntomas (malestar general, debilidad muscular, dificultades para conciliar el sueño...) que perduran en el tiempo. En un episodio de fatiga, el cansancio, la debilidad, el deseo de dormir y el agotamiento (físico o mental), también son rasgos característicos. Pero por lo general, su causa es identificable y tendrá una solución rápida.

Causas

El origen de la fatiga común, esto es, aquella que se produce de manera aislada y sin vinculación a otro tipo de enfermedades, se puede clasificar en tres grupos:

  • 1. Origen ambiental: el entorno es uno de los principales factores que influyen en la aparición de episodios de fatiga común. Las altas o bajas temperaturas, el ruido, la humedad o sequedad del ambiente, el tipo de mobiliario empleado para el descanso y los lugares de mucho tránsito son aspectos de la vida cotidiana que pueden inducir al agotamiento y la debilidad propias de la fatiga.
  • 2. Origen emocional: las emociones también son determinantes en el correcto diagnóstico del problema. El estrés y la preocupación son sinónimos de ansiedad y ésta, provoca cansancio a nivel emocional. Estas causas son difíciles de identificar ya que tienen un origen 'silencioso' y no se observan a simple vista.
  • 3. Origen físico: cuando el descanso es insuficiente o interrumpido,

la alimentación no es la adecuada o la actividad física es demasiado intensa o muy limitada, la fatiga se presenta como un síntoma de alerta para que se tomen medidas al respecto. El organismo utiliza ese agotamiento para advertir de que algo no está equilibrado.

Aparte de estos tres grandes grupos, hay que tomar en consideración que los síntomas de la fatiga también pueden presentarse asociados a otras enfermedades más complejas. Cuando el cansancio comienza a ser algo habitual, la fatiga puede estar advirtiendo de un cuadro médico más complicado.

En estos casos es imprescindible prestar especial atención a otras afecciones como la hiperactividad o actividad reducida de las glándulas tiroideas, la anemia o la deficiencia de hierro, la insuficiencia cardíaca, algunas enfermedades hepáticas y renales, infecciones, miastenia gravis, artritis, diabetes, fibromialgia e incluso determinados tipos de cáncer.

Diagnóstico y progresión de la enfermedad

Entre las numerosas características que definen la fatiga, una de las más destacadas es el horario en el que se producen. Un análisis detallado de este patrón permitirá determinar cuáles son los motivos que generan este estado para establecer un diagnóstico acertado de la enfermedad.

Como cualquier otra patología, los síntomas de la fatiga podrían agravarse con el tiempo si esta se presenta de manera habitual. Una progresión que se resume en el siguiente esquema:

  • 1. Cansancio y falta de energía: comienza siendo una ligera sensación de aturdimiento y avanza hacia una pérdida de fuerzas extrema.
  • 2. Problemas de concentración: el estado físico de cansancio evoluciona hacia una reacción de tipo cognitivo. El sujeto pierde la capacidad de concentrarse en una determinada tarea.
  • 3. Irritabilidad: las limitaciones funcionales y cognitivas derivan en un problema a nivel emocional. Un individuo cansado, incómodo y con falta de energías es un individuo más susceptible de mostrarse alterado o incómodo ante situaciones que antes eran cotidianas.
  • 4. Depresión: a medida que la enfermedad progresa y cuando los cuadros de fatiga se vuelven más frecuentes, los pacientes tienden a retraerse. La apatía y la falta de interés terminan por dominar la situación ante su imposibilidad para hacerle frente a esta condición.

Complicaciones

La fatiga, de manera aislada, no es en sí una enfermedad que deba preocupar a quien la experimenta. Los cuadros de cansancio, agotamiento o falta de energía son muy comunes en todo tipo de personas, incluso entre las más sanas.

Mención aparte merece la denominada 'fatiga crónica', una patología que presenta rasgos muy similares pero que gana en intensidad y duración. Quienes padecen el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) terminan siendo dominados por los síntomas incapacitantes de su enfermedad y no son encuentran la manera de conciliarlos con su vida social, profesional o laboral.

¿Cuándo acudir al médico?

Un episodio de fatiga que encaja claramente en cualquiera de los supuestos citados en los apartados anteriores, no debería revestir mayor gravedad. El principal problema de la fatiga está en la duración de los síntomas y en la frecuencia con la que se presentan.

La fatiga común no suele durar demasiado y los episodios no se mantienen durante más de una o dos semanas. El organismo tiene la sorprendente capacidad de reequilibrarse por sí solo sin necesidad de recurrir a tratamientos específicos. En cambio, si el agotamiento se convierte en algo habitual, se debe consultar con un especialista y descartar posibles complicaciones. Solo un profesional está capacitado para reconocer el origen del problema y establecer el tratamiento más adecuado.

También se debe valorar la relación entre la fatiga y otros síntomas. Los dolores de cabeza, la visión borrosa, el insomnio, los pensamientos negativos o levantarse de la cama con frecuencia durante la noche, son aspectos que pueden estar delatando que la fatiga no es la causa del malestar sino la consecuencia de otro problema más serio.

Tratamiento y terapia

El tratamiento de la fatiga se puede abordar desde múltiples perspectivas en función de cuáles sean los síntomas, la frecuencia con la que se presentan o el origen que tienen.

  • Estilos de vida: es necesario revisar la actividad diaria del paciente para determinar si el problema deriva de un exceso de actividad o de una falta de esta. En el primer caso, es posible que la fatiga se deba a una pérdida de electrolitos vitales como consecuencia de un exceso de sudoración, por lo que se deberá regular con una adecuada hidratación y bebidas isotónicas. Si el problema se encuentra en la falta de actividad, habrá que lograr que el individuo se ponga en marcha incrementando los niveles de potasio y magnesio para que el ejercicio se desarrolle de manera segura.
  • Dieta: la vitamina B-12, el hierro y el ácido fólico son tres sustancias imprescindibles en un organismo sano. Cuando se produce alguna deficiencia, el cuerpo entra en un estado de letargo para prevenir complicaciones en su funcionamiento. El especialista podría determinar la inclusión de estos complementos vitamínicos en la dieta así como su ingesta a través de alimentos que los contienen de manera natural.
  • Enfermedades en curso: en aquellos casos en los que ya se haya diagnosticado otra enfermedad (diabetes, anemia, artritis...) el facultativo procederá aplicando un tratamiento acorde a esta, entendiendo que la fatiga es una condición que se produce como consecuencia de otra patología.
  • Problemas emocionales: para los cuadros de depresión, insomnio o angustia, el tratamiento de la fatiga obliga a un cambio radical en el estilo de vida,

en la dieta y en la actividad del paciente. Podría ser recomendable que para llevar a cabo este proceso de manera efectiva, la persona afectada se uniera a un grupo de apoyo que le ayude a mantener una actitud positiva frente a la vida y a olvidarse del estrés.

Pronóstico y perspectiva

Ante el letargo y la extenuación que puede llegar a provocar la fatiga, el facultativo, además de fijar un tratamiento, podría solicitar pruebas adicionales para descartar otras causas mayores.

Con frecuencia este tipo de pruebas implican exámenes de la actividad hepática, renal y de las glándulas tiroideas, así como análisis de la orina y la sangre. Estos procedimientos servirán para detectar si la fatiga está además asociada a problemas hepáticos, diabetes, anemia, infecciones o estilos de vida poco saludables.

Prevención

Si bien existen numerosos motivos por los que podría desencadenarse un episodio de fatiga, se ha demostrado que uno de los principales problemas es el estrés. La presión, los problemas y las preocupaciones son los peores enemigos del organismo.

Tanto para la prevención de la fatiga como para su pronta recuperación, se recomienda evitar situaciones de estrés y aprender a hacerle frente a las adversidades cotidianas. En este sentido, también es importante mantener el equilibrio entre las horas de descanso y las de actividad, evitar el consumo de drogas y alcohol o asegurar un sueño reconfortante y efectivo practicando algún deporte de manera regular.

¡Esto puede hacer usted mismo!

Es imprescindible que el paciente aprenda a dominar la fatiga del mismo modo que se aprende a respirar con normalidad, caminar correctamente o sentarse en la posición adecuada.

Una mentalidad positiva y una buena predisposición a sanar son parte esencial de la terapia que uno mismo puede diseñar para prevenir el problema. Los hábitos de vida saludables como practicar deportes al aire libre, evitar comidas copiosas durante la noche o suprimir de la dieta las bebidas excitantes y azucaradas, favorecerán a un descanso de calidad y a una liberación de la tensión y el estrés. Una vida plena y feliz es el mejor remedio contra la fatiga y sus consecuencias.