Expectoración

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La expectoración es la secreción de flemas o esputos alojados en la membrana mucosa bronquial, siendo un síntoma característico de diversas patologías. La cantidad, viscosidad y color de las secreciones cambian en función de la enfermedad subyacente, pudiendo indicar un amplio abanico de patologías que van desde una simple bronquitis hasta una mucoviscidosis e incluso un carcinoma pulmonar, produciéndose en estos casos expectoraciones de esputos sanguinolentos o de sangre directamente (hemoptisis).

Contenido

Definición

La expectoración es el término médico que denomina la expulsión a través de tos o carraspeo de las flemas o secreciones existentes en las vías respiratorias. En condiciones normales cada persona suele producir entre 100 y 150 ml de secreciones que son deglutidas de modo inconsciente al llegar a la tráquea y la faringe, resultando esta serosidad necesaria para limpiar los bronquios. Sólo en caso de que varíe su consistencia o su volumen sea muy alto, tendrá lugar la expectoración para expulsar los esputos.

Causas

La expectoración puede ser provocada por diversas enfermedades y patologías, identificables por los características de los esputos generados. Así, si los mismos tienen una apariencia mucosa, vidriosa y blanquecina podrían deberse a bronquitis, asma bronquial o mucoviscidosis (fibrosis quística).

Mientras que si las flemas toman color suele obedecer a la acción de una infección bacteriana de las vías respiratorias, resultando muy característica la tonalidad verde amarillenta de esta modalidad de expectoraciones.

Cuando existe una altísima cantidad de esputo puede ser síntoma de una bronquiectasia (dilatación de uno o más bronquios). Y en caso de que se expectoren esputos sanguinolentos o sangre directamente, en lo que se conoce como hemoptisis, podríamos estar ante una infección aguda e incluso a un carcinoma bronquial (cáncer de pulmón).

Diagnóstico y progresión de la enfermedad

A la hora de diagnosticar la expectoración, juega un papel fundamental el análisis de las características de las flemas, cuyo aspecto puede ser claro y blanquecino, mucopurolento o rojizo. Con todo, esta evaluación ha de integrase dentro de un proceso sistemático de diagnóstico con sus sucesivos pasos de anamnesis, exámenes físicos y pruebas complementarias. Si el paciente padece resfriado o alergia la expectoración es considerada como un buen síntoma; aunque si la serosidad es muy abundante, purulenta o sanguinolenta podría estar motivada por una enfermedad grave. Para discernirlo, el especialista médico evaluará otros síntomas existentes, explorará al paciente e indagará en su historial médico y hábitos, realizando también análisis clínicos así como todas las pruebas necesarias que le permitan diagnosticar la patología subyacente: bronquitis, asma, neumonía, tuberculosis, actinomicosis, aspergilosis, carcinoma bronquial...

Complicaciones

La expectoración es un síntoma que puede estar indicando la existencia de una enfermedad con graves complicaciones. Así, no conviene pasar por alto este tipo de secreciones que podrían manifestar una infección contagiosa como una pulmonía o incluso una patología peor como las ya expuestas.

Además, la presencia de cuadros de tos inherentes a la necesidad de expulsar las flemas pueden provocar múltiples complicaciones, desde problemas de cansancio, agitación e insomnio hasta mialgias (dolores) en la caja torácica en los casos de toses persistentes.

Mientras que las modalidades más violentas podrían llegar a producir lesiones en neumotórax, bronquios y pulmones, e incluso propiciar hemorragias y fracturas de costillas en pacientes debilitados.

¿Cuándo acudir al médico?

Conviene consultar a un facultativo en todos los casos que se produzca expectoración, sobre todo si se prolonga en el tiempo y si la serosidad es abundante, purulenta y de apariencia anómala, resultando particularmente alarmante la presencia de sangre, indicativa de una infección grave o de algo mucho peor.

Además, los esputos y flemas obstruyen las vías respiratorias (de ahí la acción de la tos productiva para expulsarlas), pudiendo ser necesaria la receta de medicamentos expectorantes por parte de su médico para fluidificar y facilitar la evacuación de las secreciones.

Tratamiento y terapia de la expectoraciones

El tratamiento de la expectoración depende la patología que la esté provocando, por lo que resulta esencial un óptimo diagnóstico para detectar la enfermedad que produce la acumulación de flemas.

En caso de que haya infección bacteriana en las vías respiratorias podría tratarse con antibióticos y las inflamaciones en la garganta con corticoides, siendo perentorio en cualquier supuesto que el paciente deje de fumar si lo hace y se mantenga alejado de ambientes cargados de humo, polvo o sustancias a las que pueda ser alérgico. Igualmente, es conveniente hidratarse adecuadamente, vigilar la temperatura corporal y guardar reposo.

Pronóstico y perspectiva

La evolución de los cuadros de expectoración varía en función de la patologías subyacentes que los estén desencadenando. Suelen tener buen pronóstico las expectoraciones de apariencia mucosa, vidriosa y blanquecina producidas por resfriados, bronquitis simples o alergias. También las propias de las neumonías contarían con un pronóstico similar, siempre que se trate adecuadamente la infección desarrollada por las bacterias o virus.

Peor pronóstico le correspondería la mucoviscidosis, la serosidad provocada por bronquiectasia y la hemoptisis mientras que no se consiga atajar la enfermedad que las provoca.

Prevención

Dado que la expectoración tiene una naturaleza sintomática, la prevención debe ir en la línea de tratar de evitar las enfermedades desencadenantes.

Con todo, siempre resulta recomendable huir de hábitos nocivos como el de fumar, ya que como es bien sabido el tabaco afecta muy negativamente la garganta, bronquios y pulmones. Igualmente, los pacientes que expectoran por alergia deben procurar alejarse de ambientes en los que proliferen las sustancias que les inducen las reacciones alérgicas.

En cualquier caso, hacer una dieta saludable, practicar ejercicio con regularidad e hidratarse de manera adecuada fortalecen el organismo, haciéndolo más inmune a infecciones, virus y otras patologías que pueden provocar las expectoraciones.

¡Esto puede hacer usted mismo!

Funciona muy bien la aplicación de remedios caseros con miel, siempre y cuando exista una escasa cantidad de secreciones, no se esté produciendo una expectoración prolongada en el tiempo y si tanto el color como la composición de los esputos o flemas no resultan anómalos.

En el supuesto de que no se cumpla alguna de las condiciones descritas se debe acudir al médico, debiéndose tener presente también la peligrosidad de automedicarse sin la supervisión de un facultativo.