Dolor torácico

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El dolor torácico o molestia en el pecho puede ocasionarse por diversos problemas de salud de mayor o menor gravedad. Las causas del dolor torácico son diversas y pueden provenir de dolencias en los pulmones, el corazón, el aparato digestivo o los tejidos de la pared torácica. El diagnóstico de esta dolencia comienza determinando la gravedad del problema y luego se intenta encontrar la causa específica de la dolencia. Una vida sana es el principal medio para prevenir el dolor torácico.

Contenido

Definición

El dolor torácico se define en medicina como cualquier sensación extraña o de molestia persistente o recurrente en el torso de una persona. El tórax es la porción del cuerpo que se encuentra entre el cuello y la parte superior del abdomen. Los tejidos de la pared del tórax o alguna dolencia en cualquiera de los numerosos órganos vitales que se alojan en la cavidad torácica pueden ser la fuente del dolor torácico.

Causas

De este modo, el dolor torácico puede provenir de problemas digestivos tales como cálculos en la vesícula, problemas en el esófago, acidez estomacal, gastritis o úlcera gástrica son también otras de las causas posibles de dolor torácico. Trastornos pulmonares también pueden producir dolor torácico ya que un colapso del pulmón por la acumulación de aire en la cavidad que lo rodea puede ocasionar esta dolencia.

Una enfermedad común, la neumonía, puede producir una sensación de molestia en el pecho al respirar. Por último, un coágulo de sangre alojado en el pulmón puede también provocar dolor torácico. El dolor torácico también puede ser ocasionado por dolencias cardíacas. Una de ellas puede ser la ruptura de la arteria aorta. La inflamación del pericardio (el pequeño saco que rodea el corazón), conocida como pericarditis, también puede ocasionar este tipo de malestar. Una angina de pecho o ataque cardíaco pueden provocar, de igual modo, dolor torácico.

Diagnóstico y curso de la enfermedad

El dolor torácico es relativamente difícil de diagnosticar dada la cantidad de causas posibles que puede tener. En un primer momento, el médico determinará si el dolor torácico pone en riesgo inmediato la vida del paciente. Para ello examinará sus constantes vitales, tales como el pulso cardíaco, la presión arterial y la oxigenación. Este procedimiento puede arrojar un primer diagnóstico del origen del dolor torácico. Si el dolor torácico no plantea un riesgo vital inmediato para el enfermo, se puede proseguir con el diagnóstico.

El médico deberá examinar físicamente al paciente e interrogarlo acerca de las zonas en las que se desarrolla el dolor, la sensación que causa, la periodicidad con la que aparece, su duración y su posible concatenación con otro tipo de actividades desarrolladas por el paciente. Por ejemplo, si se percibe la molestia siempre después de comer es posible que esté asociado a un trastorno digestivo; mientras que si se produce después de toser o respirar profundo, es probable que sea alguna dolencia pulmonar la causa del dolor torácico. En todos los casos, la utilización de electrocardiogramas y radiografía de tórax u otros métodos de diagnóstico por imágenes serán requeridos para un correcto diagnóstico del dolor torácico.

Tratamiento

El tratamiento del dolor torácico depende esencialmente del diagnóstico que se haya efectuado. Si la molestia en el pecho es aguda y proviene de dolencias cardíacas, el enfermo necesitará cuidados médicos intensivos. En el caso de un ataque cardíaco o una ruptura de la aorta, la atención médica deberá ser urgente. La pericarditis es tratada a menudo con antiinflamatorios y, en caso de acumulación de líquido, con medicamentos diuréticos y drenaje del líquido alojado en la zona a través de punción.

El dolor torácico proveniente de problemas pulmonares puede requerir también internación o puede ser tratado ambulatoriamente, dependiendo de la gravedad y la condición física general del paciente. El dolor torácico proveniente de problemas gástricos es considerado de menor gravedad y puede tratarse con antiácidos en el caso de reflujo gástrico o gastritis. Las úlceras gástricas pueden requerir cirugía dependiendo de su gravedad.

Prevención

El dolor torácico se puede prevenir con una dieta saludable. Se debe reducir el consumo de grasas en general, con énfasis en la menor ingesta de grasas saturadas y transaturadas. Las primeras son comunes en la carne, los aceites vegetales y los alimentos fritos; mientras que las segundas se hallan presentes por excelencia en la panificación industrial. También debe disminuirse el consumo de harinas refinadas, reemplazándolas por integrales, y de productos con alta concentración de azúcar. Por el contrario, debe aumentarse el consumo de frutas frescas y vegetales.

El dolor torácico también puede prevenirse con una dosis apropiada de ejercicio físico diario, acorde a la edad y a la condición física. Una alimentación sana y la ejercitación contribuirán a disminuir el riesgo de sobrepeso, úlcera gástrica, enfermedades cardíacas, hipertensión y diabetes, entre otras dolencias que contribuyen a desarrollar las enfermedades que causan dolor torácico.