Dolor de corazón

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El dolor de corazón puede surgir por diferentes motivos. Ante los primeros síntomas hay que ser precavido y apostar, siempre, por una revisión exhaustiva que descarte afecciones más o menos graves. Con la vigilancia y el diagnóstico adecuado, el dolor de corazón no debe impedir el desarrollo de una vida normal.

Contenido

Definición

Al dolor de corazón también se le conoce habitualmente como angina de pecho, aunque científicamente hay una serie de diferencias. Se trata de una dolencia bastante habitual que aparece cuando los músculos que forman este órgano reciben menos oxígeno de lo que necesitan para su actividad normal. Este déficit provoca una serie de contracciones punzantes.

Generalmente, el dolor de corazón genera una alarma en la persona que lo sufre, ya que sus síntomas se pueden confundir con otras enfermedades cardiovasculares más graves, como un infarto de miocardio. El dolor de corazón puede durar varios minutos. Si se alarga en el tiempo, es un síntoma de gravedad. La asistencia médica es imprescindible en estos casos. Hay que impedir que el riego sanguíneo se pueda ver afectado. Además, en estos casos, otros órganos pueden sufrir las consecuencias del dolor de corazón.

Causas

El dolor de corazón tiene distintas causas. Las enfermedades coronarias tienen una gran importancia dentro de esta enfermedad tan habitual. La hipertensión es una afección bastante común en determinados grupos de personas. Una enfermedad de riesgo que afecta directamente durante el dolor de corazón.

También se conocen los efectos negativos de las distintas inflamaciones que se producen en las paredes de este órgano, la endocarditis y la pericarditis, o la miocarditis, una dolencia que se manifiesta con la inflamación del miocardio. Menos comunes, pero no por ello, menos importantes, son las aneurismas de la aorta, la alteración del ritmo cardiaco o afecciones como la valvulopatía. El dolor de corazón está directamente relacionado con algunas de estas dolencias y enfermedades.

Además, otro tipo de desordenes fisiológicos pueden incidir directamente en crear ese déficit de oxígeno en el corazón, generando ese característico dolor. Por ejemplo, una anemia implica un funcionamiento errático del metabolismo, generando distintas dolencias. La falta de un riego sanguíneo estable es una de las causas del dolor de corazón. Por este motivo, si se sufre algún tipo de anemia grave es recomendable tener una precaución especial.

Diagnóstico y curso de la enfermedad

Debido a la importancia del órgano, diagnosticar el dolor de corazón es una cuestión extremadamente importante. Para ello, hay que conocer los distintos tipos de dolores que se presentan. Si la angina de pecho clásica no se reproduce se trata entonces de un dolor de corazón enmarcado como una enfermedad isquémica silenciosa. El examen exhaustivo del paciente descartará distintos tipos de enfermedades, centrándose exclusivamente en el dolor de corazón.

El primer objetivo por parte del profesional es realizar una serie de preguntas al paciente, para identificar que síntomas son claros de un dolor de corazón y cuáles no. Lo habitual es conocer donde se inició el dolor y la localización exacta. También es muy importante saber el desarrollo de ese dolor de corazón. Si se ha trasladado a otras partes del cuerpo, como los brazos o la mandíbula. La falta de aire y la sensación de asfixia son síntomas claros que ayudan siempre al diagnóstico correcto del dolor de corazón. En la zona afectada se nota una quemazón o ardor.

Con una anamnesis bien estructurada el médico sabrá cómo enfocar el diagnóstico y el posterior tratamiento. Hay pruebas médicas específicas como un electrocardiograma o análisis en laboratorios para identificar distintas enzimas en la sangre que ayudan a cerrar un cuadro médico acertado. Dependiendo de la gravedad de los casos se recomiendan este tipo de pruebas o no.

Tratamiento

Los tratamientos para el dolor de corazón se enfocan principalmente en recuperar la cantidad de oxígeno necesaria para que el flujo sanguíneo se mantenga estable. Debido a la complejidad de este órgano se busca bajar la frecuencia cardiaca, para que la demanda de oxígeno sea menor. Un proceso complejo que se ve fuertemente apoyado por compuestos como la nitroglicerina o los betabloqueantes. Estos fármacos se administran en forma de cápsulas o aerosoles y su efecto más inmediato es la relajación de los vasos sanguíneos. Cuando se tratan de afecciones más graves, los tratamientos se centran en intervenciones quirúrgicas que reparen los daños de las obstrucciones de las arterias.

Prevención

Para prevenir el dolor de corazón hay que seguir una serie de pautas y conductas diarias. Objetivos claros y de sobra conocidos, que aportan la disciplina necesaria para evitar este tipo de enfermedades. Un estilo de vida saludable siempre es una gran ayuda. De la misma forma, hay que controlar los niveles de azúcar o la tensión. El tabaco y el sobrepeso son factores de riesgo que inciden negativamente, ampliando las posibilidades de sufrir un dolor de corazón. Por supuesto, practicar ejercicio regularmente es una las claves para evitar el dolor de corazón.