Dolor al defecar

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El dolor al defecar puede deberse a diversos motivos, por lo que hemos de estar atentos a otros síntomas que lo acompañen para poder facilitar la información a nuestro médico caso de que sea necesario. Puede consistir en molestias intestinales y del bajo vientre o ir acompañadas también de molestias en a zona anal, con picores e irritación.

Contenido

Definición

El dolor al defecar es una molestia muy común, especialmente entre las personas que padecen estreñimiento de manera continuada, por la dureza de las heces, la acumulación y los esfuerzos intestinales para evacuar. Además, el esfuerzo y la dificultad puede acabar produciendo fisuras en el ano y hemorroides que producen dolor al defecar y molestias externas más localizadas. Las hemorroides suelen sangrar. La sangre se detecta durante el proceso de limpieza y se caracteriza por un color rojo claro muy escandaloso. El dolor al defecar puede venir causado por coágulos de sangre en el ano, una complicación de las hemorroides llamada trombosis hemorroidal.

Pero el dolor al defecar también puede venir causado por el fenómeno contrario: la diarrea, que irrita e inflama la zona anal y produce escozor al entrar en contacto con la heces o la orina. Cuando el dolor al defecar se corresponde con una afección mayor que ha de ser tratada con más cuidado por el médico, un síntoma importante es la presencia de sangre en las heces de manera continuada. En este caso, el dolor al defecar puede venir provocado por la presencia de fístulas causadas por una inflamación crónica del intestino, como en la Enfermedad de Crohn.

También el eccema anal puede ser una de las causas del dolor al defecar. En este caso, el ano se inflama, presenta enrojecimiento y picor. También algunas enfermedades de transmisión sexual, como la sífilis, producen este tipo de molestias, así como las verrugas genitales y los cánceres de ano e intestino, aunque el dolor al defecar raras veces se debe a estas últimas causas.

Diagnóstico y curso de la enfermedad

Si el dolor al defecar es persistente y va acompañado de sangre en las heces, es necesario acudir al médico de cabecera para que emita un diagnóstico o remita al especialista correspondiente. Lo fundamental es descartar la presencia de una enfermedad grave, como el cáncer. Los síntomas claves para el diagnóstico del dolor al defecar son: el tiempo que lleva el paciente padeciendo las molestias, si el dolor al defecar va a acompañado de otros males, como el picor o la sensación constante de humedad en el ano, la presencia de sangre en el papel higiénico o en las heces, la frecuencia con la que se defeca y se padecen los síntomas, especialmente si hay estreñimiento o diarrea y otras molestias relevantes para el paciente de carácter particular (si padece alguna enfermedad, si tiene hemorroides...). Todos estos síntomas pueden ser de mucha utilidad para diagnosticar con éxito las causas del dolor al defecar.

Tratamiento

El tratamiento del dolor al defecar variará mucho dependiendo de las causas. Por ejemplo, las hemorroides pueden tratarse de forma rápida y satisfactoria, reduciendo de forma inmediata el dolor al defecar y las molestias que producen. En cambio, si la molestia persiste y la gravedad de las hemorroides es extrema, afectando al estilo de vida del paciente, se pueden eliminar quirúrgicamente. Cuando el dolor al defecar viene provocado por el estreñimiento, el tratamiento se centra en la digestión, aplicando simplemente conductas alimenticias saludables, como la ingesta regular de líquido (preferiblemente agua), alimentos ricos en fibra y ejercicio regular.

Las inflamaciones y heridas externas, así como la irritación, pueden paliarse con pomadas y ungüentos que alivien la molestia local, de manera que la evacuación no resulte tan dolorosa. Muchos remedios naturales, como los baños con manzanilla dan resultados efectivos. En el caso de los tumores, los tratamientos son más invasivos, siendo necesaria la cirugía, la quimioterapia o la radioterapia.

Prevención

Para prevenir el dolor al defecar la clave está en la alimentación. No ingerir alimentos duros o, en caso de hacerlo, masticar con regularidad hasta ablandarlos y humedecerlos del todo antes de tragarlos. Acompañar las comidas de la cantidad de líquido necesario para facilitar el tránsito de los alimentos por el tubo digestivo, sin exceder la cantidad de líquido que se traga cada vez para no hinchar en exceso el estómago, e ingerir cantidad de frutas, verduras y alimentos ricos en fibra. También es fundamental mantener una correcta higiene íntima, que incluya el uso de toallitas húmedas como sustitutas o complementarias al papel higiénico.

También es recomendable, si se puede, hacer uso del bidé cada vez, utilizando jabones neutros o especiales para higiene íntima, que respetan el pH de las mucosas genital y anal y previene la sequedad y la irritación. También es importante no aguantarse las ganas de ir al baño, ya que esto puede favorecer la aparición de estreñimiento y del dolor al defecar.