Difteria

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La difteria es una enfermedad infecciosa grave que afecta a la garganta y a la nariz. De no tratarse adecuadamente, la toxina producida puede acarrear serios problemas, como la parálisis. Gracias al tratamiento preventivo con vacunas, la difteria es una enfermedad rara en los países desarrollados.

Contenido

Definición

La difteria es una enfermedad producida por la infección de la bacteria Corynebacterium diphtheriae, agravada por la toxina protéica que dicha bacteria produce.

El nombre de difteria proviene del griego διφθέρα, que significa cuero. Se le conoce así porque ya en los primeros días de la infección, en la faringe, se crea un coágulo necrótico de bacterias y células epiteliales que forma una pseudomembrana con aspecto semejante al cuero.

Causas

La bacteria de la difteria infecta el aparato respiratorio, afectando a la nariz y a la garganta. Se propaga a través de la tos o los estornudos de una persona ya infectada. El único reservorio de la bacteria de la difteria es el ser humano, por lo que el contagio solo puede producirse entre personas.

Tras la trasmisión de la difteria, el infectado puede sufrir la enfermedad hasta dos semanas después, aunque en casos aislados se prolonga hasta las cuatro semanas o más. La trasmisión ocurre por vía aérea, inhalando las bacterias en suspensión que una persona enferma haya expulsado, por lo que las condiciones de alta densidad de población y malas condiciones de higiene aumentarán las probabilidades de contagio.

El contagio de la difteria puede ocurrir también a través de objetos contaminados por personas infectadas, aunque es mucho menos frecuente. La toxina diftérica, de no ser tratada a tiempo, puede ocasionar daños en el corazón, el sistema nervioso y en el riñón.

Síntomas y curso de la enfermedad

Existen dos cuadros clínicos en los que se presenta la difteria: a nivel respiratorio y a nivel cutáneo, siendo este último mucho menos frecuente y característico de países tropicales. Los síntomas de la difteria derivan de la infección de las mucosas de la nariz y infección de la mucosa de la garganta.

El dolor de garganta y al dolor al tragar es de los más recurrentes síntomas, junto con la tos y la dificultad al respirar, el aumento de las secreciones nasales, la inflamación, fiebre, escalofríos y un malestar general del enfermo.

La exotoxina bacteriana puede llegar a contaminar la sangre del enfermo, propagándose a través del sistema circulatorio y dañando al corazón, produciendo miocarditis, aumento de la fatiga y palpitaciones. Si se ven afectados los nervios, la difteria puede producir parálisis musculares o problemas graves respiratorios.

Diagnóstico

Una parte fundamental para el diagnóstico de la difteria es la anamnesis. El médico debe suponer que se encuentra frente a un caso de difteria cuando se trate de un niño sin vacunar correctamente, o en el caso de adultos que padezcan los síntomas y hayan viajado recientemente a zonas donde la difteria es endémica. La exploración del interior de la boca permitirá al médico visualizar las membranas de color gris, con aspecto de cuero, típicas de la difteria.

Éstas se presentan adheridas a las mucosas de las amígdalas y de la parte posterior de la garganta. No obstante, a veces se suelen formar placas que impiden este diagnóstico visual. El diagnóstico definitivo vendrá del laboratorio, a través de la visualización de la bacteria de la difteria en muestras del exudado faríngeo del enfermo, o en cultivos de dichos exudados.

Tratamiento

Para el tratamiento de la difteria es esencial que se inicie lo más prontamente posible, de tal manera que comience cuando existan sospechas de que el paciente pueda sufrir la enfermedad, incluso antes de obtener un diagnóstico definitivo. Así se conseguirá evitar complicaciones derivadas de la propagación de la toxina de la difteria, evitando el daño en el corazón, riñones y sistema nervioso.

El tratamiento contra la difteria se aborda desde dos vías: el uso de una antitoxina para evitar las complicaciones derivadas de ésta, y el uso de antibióticos para contener y eliminar la infección. La antitoxina de la difteria se suministra intramuscular o intravenosamente. Los antibióticos que se emplean comúnmente para tratar la difteria son la eritromicina y la penicilina.

Es necesario el ingreso hospitalario, debido a la alta capacidad infecciosa de la enfermedad. En casos de complicaciones graves, será necesario incluso el internamiento en unidades de cuidado intensivo. Con el ingreso será fácilmente monitorizado el paciente, además de poder otorgársele reposo en la cama y oxígeno de ser necesario.

Prevención

De haber estado en contacto con alguien que padezca difteria, se deberá contactar inmediatamente con el médico para que este le indique si necesita antibióticos para evitar el contagio. La principal forma de prevenir la difteria son las vacunas, suministradas correctamente durante la infancia y en forma de refuerzos en los adultos. Si ha habido contacto con la enfermedad, se deberá suministrar una vacuna a los posibles infectados.