Dificultad respiratoria

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La dificultad respiratoria, también conocida como disnea, es una afección bastante común caracterizada por la sensación de falta de oxígeno. Quienes padecen dificultad respiratoria se quejan de malestar o incomodidad en la respiración. La dificultad respiratoria puede aparecer en diversas circunstancias y en cualquier grupo de edad.

Contenido

Definición

La dificultad respiratoria no tiene una definición científica reconocida, pues la diversidad de motivos que pueden provocarla hace que la comunidad médica tenga distintos pareceres. En lo que sí parecen coincidir los especialistas es que, en todos los casos, los pacientes con dificultad respiratoria presentan grandes problemas para almacenar y recibir aire en los pulmones. En ocasiones, la dificultad respiratoria puede venir acompañada de sibilancia, un sonido que emiten los pulmones al exhalar, o de opresión en el pecho.

Se puede distinguir entre diferentes tipos de dificultad respiratoria: de esfuerzo (aparece al realizar una actividad física o esfuerzo), de decúbito (la cual se va aliviando de forma progresiva cuando el paciente se pone en posición vertical), paroxística nocturna (aparece por la noche, mientras el paciente duerme) y de reposo (no hay motivo aparente ya que incluso en situación de reposo el paciente siente la dificultad respiratoria).

Causas

La dificultad respiratoria puede estar motivada por diversas causas. Entre las más comunes, podemos nombrar:

  • Dificultad respiratoria causada por factores externos, como ambientes con elevada polución, gases o sustancias tóxicas, las cuales entran en el organismo a través de las vías respiratorias provocando la disnea.
  • Dificultad respiratoria originada por problemas psicológicos, tales como ataques de pánico, depresión, estrés, etc.
  • Dificultad respiratoria ocasionada por problemas orgánicos en el pulmón. En este caso, la dificultad respiratoria puede ser un síntoma de varias enfermedades, como la bronquitis, el asma, la neumonía, la fibrosis pulmonar, etc.

En general, los fumadores o aquellos que sufren enfermedades cardiacas y pulmonares son el sector de la población más proclive a padecer dificultad respiratoria o disnea. Esto no implica que cualquier otra persona pueda presentar, en algún momento, una dificultad respiratoria, independientemente de su sexo o de su rango de edad. En cualquier caso, lo más conveniente es acudir a un especialista para poder diagnosticar las causas de dicha dificultad respiratoria y ofrecer el tratamiento más adecuado para el paciente.

Diagnóstico y curso de la enfermedad

La dificultad respiratoria es una afección que puede aparecer de repente o de forma paulatina. Para realizar un diagnóstico correcto, los especialistas comenzarán con un cuestionario en el que se ahondará sobre la situación personal del paciente. En este cuestionario, conocido como anamnesis clínica, se interrogará sobre cuándo dio comienzo la dificultad respiratoria, si la gravedad ha ido en aumento con el paso del tiempo, si presenta sibilancia, si ocurre también cuando está en reposo, y un largo listado de preguntas que ayudarán a dilucidar qué es lo que causa la dificultad respiratoria y cómo tratarla.

Aparte de esta primera toma de contacto con la afección, el médico deberá realizar un examen físico del corazón y los pulmones, ayudándose de un estetoscopio en un primer momento y utilizando otras técnicas más avanzadas con posterioridad si así fuera necesario, tales como una gasometría arterial (con la que se mide el nivel de oxígeno y dióxido en la sangre), radiografías del tórax o incluso, en determinadas circunstancias, un electrocardiograma o análisis de sangre. Otras pruebas que podrían solicitarse son las de alergia, una biopsia o una laringoscopia.

Tratamiento

El tratamiento que dé solución a la dificultad respiratoria dependerá en gran medida de cada paciente y del diagnóstico que haya emitido el médico especialista. En resumen, los tratamientos más comunes son:

  • Si se ha señalado al asma bronquial como responsable de la dificultad respiratoria, el tratamiento se basará en medicamentos antiinflamatorios y que dilaten los bronquios.
  • Cuando el paciente presente una enfermedad como la neumonía, la bronquitis bacteriana o cualquier otra patología en la que haya bacterias relacionadas, se recetarán antibióticos.
  • Si el problema se debe a una afección más grave como un cáncer o la existencia de tumores, el tratamiento podrá incluir sesiones de quimioterapia, cirugía o radioterapia.

También es altamente recomendado dejar de fumar, ya que los cigarros obstruyen las vías respiratorias y contaminan los pulmones y los bronquios. De igual forma, aquellos que vivan en ambientes con gran polución o que estén en continuo contacto con sustancias tóxicas deberán tratar de exponerse lo mínimo posible a las mismas, con la finalidad de notar una mejora en la deficiencia respiratoria.

Prevención

Existen ciertas prácticas que pueden ayudar a evitar que aparezca la dificultad respiratoria o disnea. Algunas son tan sencillas como dejar de fumar, no exponerse a humos o beber bastante líquido. Otras recomendaciones incluyen evitar la práctica extrema de ejercicio físico, disminuir la cantidad de sal en la dieta y consumir los medicamentos según las indicaciones incluidas en las recetas y sólo bajo prescripción de un especialista.