Dermatitis atópica

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La dermatitis atópica es una afección de la piel común en bebés y niños pero que también afecta a un gran número de adultos. No se trata de una enfermedad contagiosa y suele mejorar e incluso desaparecer con el paso del tiempo y un tratamiento adecuado.

Contenido

Definición

La dermatitis atópica es una enfermedad de la piel que afecta a partes específicas del cuerpo humano como el cuero cabelludo, el rostro y el torso. Es comúnmente conocida como eccema si bien se trata de una afección crónica que implica períodos de mejoría alternos con etapas durante las que se producen brotes frecuentes de dermatitis atópica.

Causas

El origen de la dermatitis atópica se atribuye a un déficit en la producción de ceramidas (componentes de los lípidos cutáneos esenciales para mantener las células unidas y fuertes) lo que disminuye las defensas naturales de la piel.

En ocasiones la dermatitis atópica se relaciona con la alergia, aunque además existen factores genéticos, ambientales y emocionales que favorecen el desarrollo de la dermatitis atópica.

Alergias preexistentes, el uso de sustancias que irritan la piel como ciertos tejidos o detergentes concretos, los cambios bruscos de temperatura, las bacterias que provocan infecciones secundarias e incluso el estrés son susceptibles de agravar la dermatitis atópica o provocar, en su caso, un primer brote.

Síntomas y curso de la enfermedad

La dermatitis atópica se manifiesta con síntomas distintos. Entre los más frecuentes se encuentran el enrojecimiento y sequedad de la piel, también conocida como xerosis, el prurito o la aparición de pequeños bultos en la piel que liberan líquido si se rascan. Los síntomas de la dermatitis atópica varían en función del paciente afectado, dependiendo de su edad y evolución de la enfermedad.

No obstante, la piel reseca, piel escamosa y picor son indicativos habituales de la afección. Dado que la dermatitis atópica se desarrolla por brotes, existen períodos agudos y otros en que la enfermedad remite. De hecho, la dermatitis atópica tiende a mejorar en la mayoría de los casos e incluso a desaparecer con la edad.

Diagnóstico

No existen marcadores clínicos específicos para el diagnóstico de la dermatitis atópica ya que el mismo se fundamenta en una combinación de hallazgos médicos. El paciente debe manifestar los síntomas de dermatitis atópica descritos más arriba o, al menos, un primer episodio de dermatitis atópica en edad temprana (antes de los dos años de edad); algún progenitor con historial de piel seca u otras alergias (componente hereditario), o una propensión natural al eccema u otras afecciones atópicas.

El diagnóstico de la dermatitis atópica puede realizarlo el médico de cabecera, si bien es recomendable que lo haga el dermatólogo. No es raro que la dermatitis atópica se confunda con otras clases de dermatitis u otras patologías como la dermatitis seborreica, la psoriasis e incluso una infección por hongos por lo que una biopsia de la piel podría ser un medio eficaz de diagnosticar la dermatitis atópica.

Tratamiento

Un tratamiento adecuado para la dermatitis atópica consistiría en el uso de productos emolientes indicados para pieles atópicas cuyas propiedades son la reparación de la función protectora de la piel, el alivio de la comezón y consecuente mejora de la enfermedad.

Las lociones y cremas que contienen ceramidas en su fórmula, además de ácidos grasos libres y sustancias antipruriginosas, son las más propicias para el tratamiento de la dermatitis atópica, preferiblemente si no contienen conservantes o perfumes capaces de desencadenar una reacción alérgica en el paciente.

El uso de corticoides que disminuyan la inflamación, el picor y un gel de baño con alto contenido en hidratantes también contribuye a la mejoría de la dermatitis atópica. Son, asimismo, recomendables los baños en agua de mar. También es aconsejable cuidar la alimentación ya que existen alimentos susceptibles de agravar los síntomas de la dermatitis atópica

Por el contrario, los baños en piscinas no se aconsejan pues el cloro puede aumentar la irritación de la piel. Otros factores perjudiciales para el tratamiento de la dermatitis atópica pueden ser el ambiente seco, el polvo, una sudoración excesiva y el uso de productos irritantes que aumenten la irritación de la piel.

Prevención

Prevenir la dermatitis atópica puede resultar fácil siguiendo las recomendaciones anteriores. Una adecuada hidratación, evitar los agentes irritantes (lana o fibras artificiales, determinados jabones, ciertos perfumes y maquillajes, el cloro, el polvo, el humo de tabaco) y los alérgenos (polen, ácaros, algunos alimentos, moho, caspa de perro y gato), así como el estrés. También hay que evitar el clima seco y la exposición a cambios bruscos de temperatura e infecciones bacterianas ya que ayudaran a prevenir brotes de dermatitis atópica.