Bocio (estruma, agrandamiento de la tiroides)

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El bocio es un agrandamiento de la glándula tiroides, situada en el cuello, justo donde se juntan las clavículas. Esta enfermedad afecta al sistema endocrino, alterándolo y causando una hinchazón en la zona del cuello.

Contenido

Definición

El bocio es una hipertrofia de la glándula tiroides. Esta glándula tiene forma de mariposa y se sitúa en la parte anterior del cuello, a los lados de la tráquea, en la parte inferior de la laringe. Generalmente, no está relacionada con el cáncer o con tumores. Posee una función endocrina, puesto que segrega una serie de hormonas fundamentales para regular el crecimiento, el metabolismo y el modo en el que el cuerpo almacena la energía.

La triyodotironina (también conocida como T3) y la tiroxina (denominada T4) son las dos hormonas tiroideas generadas por esta glándula con el objetivo de controlar la velocidad con la que se queman las calorías disponibles, regular el ritmo de los latidos del corazón, la velocidad con la que debe funcionar el cerebro, el hígado, los músculos y otras partes del cuerpo.

El bocio puede ser simple o nodular tóxico. Este último se genera a partir del primero y se caracteriza por la formación de nódulos en aquellas áreas ya hipertrofiadas. El nódulo tiroideo es una protuberancia en la que se puede producir demasiada cantidad de hormonas. Cuando aparecen estos nódulos, también llamados neoplasias, suele ser en forma de tumores benignos no cancerosos, entre un 90 % y un 95 %, aunque también hay posibilidades de que sean malignos.

Causas

La deficiencia de yodo en el cuerpo es una de las causas más comunes que provocan esta enfermedad. El cuerpo precisa este oligoelemento para la producción de las hormonas T3 y T4. Si con los alimentos ingeridos durante las comidas no es capaz de obtener el yodo necesario, la tiroides se agranda todo lo que pueda con el fin de asimilar la máxima cantidad posible de este micro-mineral.

El bocio es un síntoma que suele apuntar a que la glándula tiroides no es capaz de producir la cantidad adecuada de hormonas que demanda el organismo.

El uso de sal yodada para cocinar es una buena forma de introducir esta sustancia en la alimentación, evitando así la causa más común por la que aparece la enfermedad. Otros motivos por los que se desarrolla la hipertrofia de la tiroides pueden ser debidos a un problema autoinmune (en el que el sistema inmunitario ataca a la glándula), a algunas infecciones, a fumar, a ciertos medicamentos (como la amiodarona o el litio), o al consumo de alimentos anti-tiroideos de origen natural como el repollo, la coliflor o el nabo. También es posible que aparezca por motivos endógenos, causados por errores congénitos en la producción de las hormonas tiroideas. Suelen manifestarse en forma de bocio esporádico en este último caso.

Diagnóstico y progresión de la enfermedad

Se suele diagnosticar el bocio simple en personas que tengan más de 40 años de edad, en mujeres y en pacientes que tengan antecedentes familiares. Para su pronóstico son necesarias tanto una entrevista del médico con el paciente como una exploración física de la zona.

La consulta debe ser lo más detallada posible para obtener datos relevantes sobre la duración de los episodios, los cambios de tamaño (los que crecen rápidamente suelen indicar malignidad y los de desarrollo lento benignidad), sobre los orígenes del paciente, para descartar el bocio endémico, su dieta, el consumo de fármacos o la exposición a radiación cervical.

Son muchas las pruebas que se pueden realizar para obtener una imagen del estado de la tiroides:

  • La ecografía tiroidea, con la que se pueden estudiar la forma de la glándula y la existencia de nódulos.
  • La gammagrafía tiroidea, para comprobar qué zonas son las que captan la radiación y cuáles no.
  • Radiografía simple, usada en los casos en los que hay que descartar cáncer. La progresión de la enfermedad sucede con la aparición de nuevos nódulos. En aquellos casos de una prolongada progresión puede desembocar en un bocio nodular tóxico.

Complicaciones

Los bocios pequeños no suelen causar problemas físicos o estéticos, por lo que no cabe esperarse ninguna complicación añadida a la de la hipertrofia. En los casos en los que se llegue a tamaños grandes, pueden causar disnea, ronquera, disfagia y tos.

Cuando su desarrollo está provocado por otras enfermedades, es posible que otros síntomas aparezcan, como un aumento de la fatiga, dificultad para dormir, pérdida de peso involuntaria, fácil irritabilidad o ansiedad. Puede llegar a generar complicaciones cardiacas, como la fibrilación auricular, una frecuencia de los latidos demasiado rápida o una insuficiencia cardiaca congestiva. También es posible que exista una pérdida ósea que pueda degenerar en osteoporosis.

En las situaciones de una tormenta tiroidea provocadas por una situación de estrés o una infección, cabe la posibilidad de la aparición de síntomas como [[fiebre],] dolor abdominal o pérdida de la lucidez mental. Otra complicación posible es la crisis hipertiroidea o tirotóxica, que causa desequilibrios súbitos y bruscos de la homeostasis sistémica, poniendo en peligro la vida. Es consecuencia de una falta de diagnóstico o un tratamiento insuficiente. Esta crisis provoca alteraciones en la conciencia, hipertermia, shock, insuficiencia multi-orgánica e incluso el coma. En estos casos en los que es patente el empeoramiento agudo del paciente es necesaria su hospitalización inmediata.

¿Cuándo acudir al médico?

La principal sintomatología es la presencia de una hinchazón en el cuello, que puede ser un nódulo pequeño o una masa grande, fácilmente identificable. En el momento en el que se detecte una inflamación provocada por la aparición de nódulos en el cuello se debe acudir al médico de cabecera. Éste, es muy posible que derive al paciente a un endocrino, el médico especialista en los trastornos hormonales, con el fin de obtener un diagnóstico de la situación y el tratamiento adecuado.

Tras el examen pertinente, el paciente será informado del tipo de nódulos que se han desarrollado, del riesgo de padecer cáncer de tiroides y del tratamiento más adecuado tras una evaluación de todos los pros y contras de los remedios disponibles.

El enfermo tendrá conocimiento de las causas de la aparición de la enfermedad, del tiempo durante el cual va a ser necesario aplicar el tratamiento y de los mejores hábitos y acciones preventivas que puede aplicar. El médico llevará un seguimiento periódico para comprobar el estado y la evolución de la enfermedad.

Si los pacientes han estado expuestos a radiación en las zonas de la cara o del cuello también deben acudir al especialista, para comprobar mediante una ecografía de esta zona si existen nódulos tiroideos.

Tratamiento y terapia

Existen varios tratamientos, pero su aplicación dependerá de los síntomas que presente el paciente y del tamaño de la glándula. En los casos en los que el enfermo presente una inflamación pequeña y se haya comprobado que se generan niveles normales de las hormonas tiroideas, es muy probable que el médico recomiende un seguimiento de su evolución antes de iniciar cualquier tratamiento.

En aquellas situaciones en las que sea necesario suplir la falta de yodo, se utilizarán fármacos, bien para bloquear o para controlar el uso que la tiroides hace de este micro-mineral -se suelen usar como tratamientos para largo plazo así como acciones previas a una cirugía o una terapia con yodo radiactivo. Este tipo de yodo, se receta en una solución que se administra por vía oral y que se concentrará en los tejidos o nódulos de la tiroides que presenten una actividad más elevada de lo normal. En algunos casos es necesario un sustitutivo tras el tratamiento con el yodo radiactivo.

Se recomienda la cirugía –y consecuente extracción de la glándula tiroidea- cuando la tiroides alcanza un volumen muy grande y causa problemas respiratorios o dificultades para tragar, en los casos de cáncer de tiroides y en las situaciones en las que se precisa un tratamiento rápido debido a las circunstancias.

Pronóstico y perspectiva

Los exámenes de control periódicos son suficientes para los nódulos tiroideos leves no cancerosos, puesto que no es necesario ningún tratamiento. Con el seguimiento para comprobar el desarrollo de la hipertrofia por parte del especialista es suficiente, puesto que no se trata de una afección que pueda provocar mortalidad en la gran mayoría de los casos.

El bocio simple puede agrandarse o desaparecer de forma natural y rápida. Eso sí, el bocio se puede volver tóxico y crear nódulos que sean capaces de producir las hormonas T3 y T4, provocando unos niveles muy altos en el organismo.

Las situaciones de bocio nodular tóxico pueden afectar al corazón, sobre todo si el paciente es un adulto mayor, con menos capacidad de tolerar el efecto de esta enfermedad. También es probable que, en estos pacientes, otras enfermedades influyan y favorezcan el desarrollo de la hipertrofia tiroidea.

En las situaciones en las que se detecta un cáncer común para esta zona, el pronóstico suele ser muy bueno tras el tratamiento. Los tumores malignos que suelen ser detectados son el cáncer papilar, el folicular, el medular y el anaplásico. El pronóstico es mejor en el primer caso y va empeorando en los siguientes, siendo el último el que peor pronóstico presenta.

Prevención

Son varias las posibilidades para evitar la aparición del bocio. La primera es la más importante, consiste en aportar las dosis de yodo necesarias para reponer las pérdidas urinarias.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), recomienda que estén presentes en la dieta de cada día en una cantidad que oscila entre los 100 y 150 micro-gramos de este oligoelemento. En el caso de las mujeres embarazadas o durante la lactancia, la cantidad se eleva hasta los 200 micro-gramos. Con estos consejos, la OMS, pretende prevenir los trastornos producidos por el déficit o la falta de yodo.

Es muy recomendable consumir pescado procedente del mar y leche, porque son dos alimentos muy ricos en esta sustancia. El contenido en el resto de alimentos es realmente bajo, por eso es recomendable el consumo de pescado marino entre dos y tres veces por semana.

Otra de las medidas de prevención es evitar el consumo de bociógenos, como los medicamentos anti-tiroideos, expectorantes, isoniacidas o amiodarona. También es recomendable no consumir en cantidades muy elevadas en el tiempo de soja o aceite de girasol. En aquellos casos en los que haya antecedentes familiares, se debería hacer un análisis periódico para estudiar los niveles presentes de estas hormonas.

¡Esto puede hacer usted mismo!

Tenga en cuenta los perfiles considerados de riesgo para controlarse la tiroides:

  • Tener más de 40 años de edad
  • Ser mujer
  • Existencia de antecedentes familiares de bocio o de la enfermedad autoinmune
  • Mujeres embarazadas o menopáusicas
  • Personas con una dieta con baja presencia del yodo
  • Pacientes que se hayan sometido a radioterapia en el cuello o en el tórax
  • Casos de exposición a radiación, incluso aunque fuese de niño
  • Consumo de ciertos medicamentos que son capaces de provocar la aparición de esta enfermedad.