Aumento de peso

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El sobrepeso es una causa directa de un aumento de peso desproporcionado, siendo una patología que acarrea múltiples problemas para la salud, pudiendo llegar a suponer un factor desencadenante de diversas enfermedades y complicaciones. Sobre todo en los casos más graves representados por la obesidad mórbida y extrema. Las causas de la enfermedad son variadas, destacando factores como la mala alimentación, la elusión del ejercicio físico y la predisposición genética.

Contenido

Definición

La Organización Mundial de la Salud define el aumento de peso o sobrepeso como una “acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud”. Para evaluar si una persona padece sobrepeso se suele medir el Índice de Masa Corporal (IMC), calculando el nivel de grasa corporal en función del peso y la estatura del individuo.

Con todo, más que el peso en sí, el elemento más relevante sería el porcentaje de grasa acumulada (tejido adiposo). Por ello, los expertos tienden cada vez más a complementar el análisis del IMC con el del porcentaje de grasa, el contorno de la cintura y el índice cintura/cadera (ICC); procedimientos combinados con los que se evalúa la excesiva acumulación en el organismo de un componente cuya presencia en los niveles adecuados resulta esencial para el óptimo funcionamiento del sistema inmunológico, hormonal y reproductivo. Además, la grasa supone una reserva de energía, teniendo asimismo una importante función como aislante térmico.

Por contra, un exceso de tejido adiposo, al margen de provocar dificultades motoras al limitar tanto los movimientos como la flexibilidad, también resulta un factor de riesgo para infinidad de patologías. Así, el sobrepeso propicia desde problemas de hipertensión y diabetes hasta accidentes cerebrovasculares. De igual modo, la acumulación de grasa afecta a órganos vitales como pulmones, páncreas e hígado, pudiendo influir a la hora de padecer desde episodios de asma hasta cálculos biliares así como incluso enfermedades mucho más graves como la cirrosis y la pancreatitis.

Causas

El sobrepeso y la obesidad pueden tener diversos desencadenantes, siendo los principales la dieta, el estilo de vida, la predisposición genética y el estrés. De manera menos usual pueden producirse acumulaciones de grasa por edemas, por retención anómala de líquidos o exceso de insulina. Con respecto a esta última, estudios recientes inciden en el anormal incremento de esta sustancia en el metabolismo como respuesta a hormonas como el cortisol, segregadas por el organismo en situaciones estresantes.

Recapitulando, el conjunto de causas fisiológicas susceptibles de provocar obesidad serían:

  • Factores de predisposición genética
  • Alteraciones anómalas en el metabolismo
  • Alimentación desequilibrada e incorrecta
  • Sedentarismo y escaso consumo de energía mediante ejercicio físico

A todos estos factores físicos cabría añadir toda una serie de desencadenantes psicológicos, como los que provocan trastornos en la conducta alimentaria asociados a la ingesta compulsiva de comida. También, la tristeza y la ansiedad pueden propiciar un consumo descontrolado de alimentos, sobre todo de aquellos que contienen triptófano. Una sustancia que aumenta los niveles de serotonina, la hormona que provoca sensación de bienestar en el organismo.

Diagnóstico y progresión de la enfermedad

El primer método científico que se aplicó para diagnosticar el sobrepeso fue el índice Broca consistente en establecer el peso ideal de un individuo en función de su estatura. De este modo la diferencia entre el peso real y el recomendable según la talla de la persona determinaba la posible existencia de sobrepeso o el déficit del mismo.

Con posterioridad, para detectar la presencia de obesidad, comenzó a sustituirse el criterio del peso por el de masa y el de altura por el de talla, calculándose el Índice de Masa Corporal o IMC resultante: IMC= Masa/Estatura².

Este es en la actualidad el método más extendido, siendo utilizado todavía por ejemplo por la Organización Mundial de la Salud, que recurriendo a este coeficiente define 4 niveles:

  • Peso adecuado: IMC entre 18,5 a 24,9​
  • Sobrepeso: IMC de 25 a 29,9, aunque en este grupo pueden entrar individuos cuya alta masa corporal se deba a la musculación, no al exceso de grasa
  • Obesidad: IMC de 30 a 39,9
  • Obesidad extrema: IMC igual o superior a 40, considerándose obesidad mórbida cualquier sobrepeso de más de 45 kg

Con todo, la mayoría de nutricionistas inciden en la conveniencia de enfocarse en el tejido adiposo más que en el peso, defendiendo la mayor fiabilidad de medir el contorno de la cintura para determinar la concentración de grasa existente en la zona abdominal y su peligrosidad para la salud del individuo.

Así, tener un contorno de cintura de más de más de 102 cm en el caso de los hombres o de más de 88 cm en el de las mujeres puede suponer un altísimo riesgo de padecer patologías cardiovasculares. También una progresión del sobrepeso hacia un cuadro de obesidad puede provocar la aparición de diabetes mellitus, hipertensión y percances cerebrovasculares.

Pero además órganos como el pulmón, el páncreas o el hígado sufren mucho la excesiva acumulación de grasa, pudiendo llegar a colapsar. Sin obviar tampoco otras complicaciones secundarias motivadas por el aumento del tejido adiposo:

Complicaciones

Está comprobado científicamente que el sobrepeso influye en la esperanza de vida, siendo mucho mayor en personas que no lo padecen, o lo hacen de manera leve (IMC desde 25 hasta 27).

Además, la obesidad puede generar múltiples complicaciones en la columna vertebral derivadas del exceso de peso que ha de soportar, estando detrás de la mayoría de patologías crónicas de dolores de espalda. Asimismo la grasa afecta también a los cartílagos de los huesos de zonas como las caderas o las rodillas.

Igualmente, el exceso de tejido adiposo repercute en la producción de testosterona en los hombres, reduciendo la libido y provocando problemas de disfunción eréctil. Mientras que en las mujeres altera la producción de estrógenos, desregularizando los ciclos de fertilidad. También, de acuerdo a la OMS, un IMC elevado puede ser un factor de riesgo para enfermedades no transmisibles, incluyendo los cánceres de hígado, vesícula biliar, riñones, mama, ovarios, próstata, endometrio y colon.

¿Cuándo acudir al médico?

Resulta recomendable consultar al facultativo ante cualquier aumento excesivo de peso, pero sobre todo en casos en que el sobrepeso no se consigue reducir cambiando la dieta y realizando ejercicio. Además, acudir al médico es fundamental para saber en qué áreas se concentra la grasa, suponiendo su localización concreta un factor muy importante para determinar los riesgos potenciales a los que se puede enfrentar el paciente.

Tratamiento y terapia

En los casos de sobrepeso leve se recomienda practicar ejercicio y hacer una dieta equilibrada y saludable, aunque a este respecto los nutricionistas siempre tienen discrepancias sobre cuál sería la más adecuada. En cualquier caso, en lo que sí que inciden todos los expertos es en la importancia de la supervisión médica de la alimentación, huyendo de dietas milagrosas que puedan suponer un riesgo para la salud.

En los problemas de obesidad grave el tratamiento puede ser desde la prescripción médica para disminuir la absorción de grasa, hasta la realización de operaciones quirúrgicas, ya sea para eliminar tejido adiposo, practicar una reducción de estómago o bien para introducir mediante endoscopia un balón gástrico.

Aunque si el sobrepeso está aparejado a trastornos alimentarios como la bulimia, resulta esencial abordar la vertiente psicológica del problema llevando a cabo la correspondiente terapia, que puede ser tanto individual como en grupo. Existen tratamientos psicológicos avanzados que recurren a la hipnosis para sugestionar al paciente haciéndole creer que tiene un estómago muy pequeño. Es el procedimiento que se conoce como ‘balón gástrico virtual’, cuyo éxito ha sido acreditado en un alto porcentaje de casos de obesidad grave.

Pronóstico y perspectiva

En los casos de obesidad crónica las posibilidades de conseguir una reducción efectiva de peso son escasas Cuantificando diversos estudios, hasta en un 90% la probabilidad de que los pacientes que obtengan una significativa pérdida de peso vuelvan a recuperarlo e incluso a incrementarlo, en lo que se conoce como ‘efecto rebote’. El pronóstico empeora más todavía en personas que fueron obesas en la infancia.

De hecho, la OMS califica de alarmante el problema de la obesidad infantil que va en aumento en todos los países desarrollados pese a todas las medidas desplegadas para combatirla tal y como lo han puesto de manifiesto estudios recientes como el del Instituto Robert Koch. Además, la problemática es especialmente grave en España, ya que según reflejan informes como el realizado por The Economist el porcentaje de niños con sobrepeso llegaría hasta el 25%. Un guarismo muy preocupante si se tiene en cuenta que la persistencia de ese exceso de grasa durante la adolescencia hace que su erradicación posterior durante la etapa adulta resulte imposible. Dada la prevalencia del tejido adiposo ganado durante la etapa de crecimiento, particularmente en zonas como el abdomen y los glúteos.

Prevención

La prevención es un factor esencial para hacer frente al problema de la obesidad. Sobre todo a edades tempranas, jugando aquí un rol muy importante la educación y la sensibilización sobre la idoneidad de una dieta sana, la práctica de hábitos saludables y la realización de ejercicio físico.

Además, hacer deporte propicia el incremento de la masa muscular en detrimento del tejido adiposo, al margen de conllevar beneficios psicológicos que contribuyen a aumentar la autoestima de pacientes que tienen cuadros de obesidad. Una patología de la que nunca hay que olvidar la estigmatización social que lleva aparejada, siendo los niños y adolescentes obesos los más vulnerables a ella. Asimismo, en todo lo relacionado con prevención, cumple un papel muy importante la óptima orientación alimentaria dispensada por médicos y nutricionistas especializados, que son quienes mejor pueden informar sobre los beneficios a corto y largo plazo de alimentarse bien.

¡Esto puede hacer usted mismo!

A la hora de tratar una obesidad siempre resulta ineludible ponerse en las manos de los médicos, máxime si la misma es extrema o mórbida. Mientras que para prevenir o intentar paliar el sobrepeso se puede recurrir a pautas como las que proporciona la Organización Mundial de la Salud:

  • Limitar la ingesta energética procedente de grasas y azúcares
  • Aumentar el consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales y frutos secos
  • Realizar ejercicio físico (60 minutos diarios los adolescentes y 150 minutos semanales los adultos)
  • Disminuir el consumo de refrescos azucarados