Alergia al polen

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La alergia al polen, polinosis o fiebre del heno es una afección alérgica al polen de las plantas y flores con semillas. Una reacción que afecta cada año a millones de personas, especialmente durante la primavera. Con las precauciones y tratamientos adecuados, la alergia al polen no tiene que suponer ningún problema grave.

Contenido

Definición

La alergia al polen es una reacción muy extendida entre la población. Esta alergia al polen se produce cuando una persona alérgica entra en contacto con el polen de determinadas plantas.

Especialmente sensibles son la nariz y los ojos, zonas muy delicadas que se ven afectadas con mucha facilidad. El pequeño tamaño de los granos de polen los hacen muy difíciles de detectar, por lo que las personas con alergia al polen deben de tener especial cuidado en determinadas zonas y épocas del año.

Causas

¿Qué causa provoca que una persona reproduzca la alergia al polen? Para poder entender este proceso hay que estudiar el sistema inmunológico de cada persona. Algunas personas presentan unas inmunoglobulinas IgE que al entrar en contacto con el polen liberan distintos activos como la histamina. Esta es la causa principal del picor tan característico que provoca la alergia al polen.

Este tipo de reacción es sólo una confusión del sistema inmunológico que considera a los granos de polen como un agente agresor. Los estudios demuestran que la alergia al polen es hereditaria, por lo que habrá que extremar las precauciones en el caso de tener algún familiar con alergia al polen.

Síntomas y curso de la enfermedad

Los síntomas de una alergia al polen son muy conocidos, aunque en algunos casos se puede confundir con una gripe común. Los ojos sufren bastante las consecuencias de la alergia al polen. El lagrimeo es continuo debido al continuo escozor. También los casos de rhinitis o de picor en la nariz son habituales en la alergia la polen. Esta rinitis provoca, además, continuos estornudos o congestión nasal, síntomas muy comunes en los casos de alergia al polen. Las dificultades a la hora de respirar aparecen en las reacciones alérgicas más graves.

Diagnóstico

Para diagnosticar la alergia al polen hay que ponerse en manos de profesionales. Los síntomas tienen que ser refrendados mediante distintas pruebas. La primera fase de estas pruebas consiste en un estudio del historial médico del paciente conociendo las épocas del año donde se manifiestan los supuestos síntomas de alergia al polen.

También es importante una exploración física buscando distintos indicios de alergia al polen, como inflamaciones en los ojos o un sarpullido en la piel. Una endoscopia de la nariz es una fantástica recomendación. La mejor opción para detectar una alergia al polen es realizar una prueba de alergia donde se somete al brazo a las gotas de polen para ver si se produce algún tipo de reacción. En tan sólo 15 o 20 minutos se conocen los resultados.

Tratamiento

Los tratamientos para curar o minimizar los efectos de la alergia al polen se pueden clasificar en tres métodos distintos. Los primeros son los antihistamínicos, que bloquean la liberación de la histamina. Impidiendo que el picor y las inflamaciones se reproduzcan. Estos medicamentos son muy usados por las personas que presentan alergia al polen.

Los esteroides y esteroides tópicos nasales también se recomiendan para combatir los síntomas de la alergia al polen. Por ejemplo, permiten respirar mejor, ya que paralizan la obstrucción nasal, aliviando uno de los síntomas más molestos de la alergia al polen.

También las inmunoterapias cobran una gran importancia para aliviar los efectos de la alergia al polen. Principalmente se usan vacunas protéicas de polen en diferentes dosis para que el organismo se habitúe a estos granos. En determinados casos, la reacción alérgica sólo se reproduce con una especie de planta determinada, por lo que el tratamiento para esta alergia al polen será más efectivo.

Prevención

La prevención es el principal remedio para paliar los efectos de la alergia al polen. En los días con mucho viento, es recomendable no hacer muchas actividades fuera del hogar. Además, se recomienda el uso de gafas de sol o mascarillas para evitar las inflamaciones propias de la alergia al polen. Mantener las ventanas de la casa o del coche abiertas puede ser un auténtico problemas, por lo que es ideal instalar sistemas de aire acondicionado con filtro para prevenir la alergia al polen.